En Semana Santa
Hoy quiero hablarte de Dios. Yo no sé si es fácil
o difícil
hablar de alguien. Creo que lo fácil o lo difícil en la vida de
una persona, es el hecho de sentir a ese alguien.
Por ello quisiera que en esta conversación no habláramos de Dios,
sino que sintiéramos a Dios.
Bueno... ya sé que esto puede sonar a presunción o cosa parecida,
pero no es así. En el calendario litúrgico, nosotros los católicos
nos encontramos con una semana llena de motivos para la reflexión, la
profundización y la toma de conciencia de nuestra fe cristiana.
Disculpa... Me olvidé de algo. Hace un rato te dije: «nosotros los
católicos...». Yo te pediría que lo borrases de la conversación. ¿Sabes
por qué? Porque aquí en esta esquina, si bien es chiquita, no quisiera
que existieran parcelas que nos puedan separar. Yo soy un sacerdote católico
y si de algo te puedo conversar, es de la experiencia de Dios que en mi forma
de vida puedo tener. Tú no tendrás mi forma de vida, pero sí tienes
el mismo Dios que yo tengo y eso... es lo esencial.
Por eso, te hablo a ti, hombre y mujer de fe en Dios, que como cada día
luchas más y más por sentirlo dentro de tu vida. Creo que esta
semana puede ser para todos nosotros una circunstancia muy especial para «llenarnos
de Dios».
Así, como cosas sueltas para pensar, pasado mañana es jueves Santo.
Es el día del amor fraterno, el día que recordamos la institución
de la Eucaristía dentro de la Ultima Cena de Jesús con sus apóstoles.
Es el día en que Jesús instituye el sacramento del sacerdocio,
sus representantes aquí en la tierra. Es el día en el cual, muchos
de nosotros -siguiendo una tradición inculcada por nuestros padres- visitamos
siete iglesias y, ante el monumento de cada una de
ellas, nos postramos de rodillas ante Jesús Sacramentado y le acompañamos
en sus horas de abandono humano. ¡Cuántas cosas para vivir en un
solo día!
Por eso, la Semana Santa es recogimiento; la Semana Santa es reflexión.
Por eso, te digo: No dejes pasar la semana sin más ni más. En este
día de jueves Santo, hemos de hacer realidad en nuestras vidas y en nuestras
comunidades cristianas, el mensaje de Jesús: «Si yo, el Señor
y Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros
los pies unos a otros» (7n 13, 14).
Para lograrlo, tenemos que introducir en nuestra conciencia personal y social «el
dinamismo de la caridad, que abre el corazón y las manos hacia el prójimo» (Juan
Pablo II al Pontificio Consejo Cor Unum). En este día de jueves Santo,
se nos llama a todos a «pulsar» nuestra capacidad de amor sincero,
de acogida y comprensión, de entrega y de servicio hacia los demás.
Y sigo un poco a modo de ideas para decirte que el Viernes Santo es un día
de reflexión junto a la Cruz de Cristo. Es posible que la Semana Santa
se tenga en cuenta sólo desde el Calvario. Creo que esto, que es esencial,
no es lo único, y que desde la Cruz está el salto a la Resurrección.
De nuestra Lima salió el Sermón de las Tres Horas, también
llamado de las Siete Palabras. Con este acto del Viernes Santo, el creyente se
aposta junto a la Cruz y en silencio medita las últimas palabras que Jesús
pronunciara en sus tres horas de agonía.
Domingo de Resurrección. ¡Qué injusticia! Sólo dos
líneas para hablarte del acontecimiento más trascendental en la
historia de la humanidad.
Dice San Pablo: «Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra
fe»...
Jesucristo ha resucitado.