
Hola… Cerca de mi casa hay un parque que visito cada día al atardecer, porque en él encuentro la paz de una visión en la belleza de la vegetación que tiene: árboles, plantas, flores, setos… Si bien está cerca de la avenida Primavera, cuyo tráfico es sumamente intenso, por increíble que parezca en este parque se escucha el trinar de los pájaros y el viento que roza las hojas de los árboles.
Ayer encontré a nuestro amigo, “El Filósofo de la Encalada”, sentado en una de las bancas. Hace mucho tiempo que lo había perdido de vista y pensaba que era una pena si no lo volvía a ver. Sin embargo, ahí estaba como de costumbre con su barba, su cabello bien arreglado y su vestimenta con la pulcritud que lo caracteriza. Mi amigo no tendrá para grandes lujos, pero sí sabe respetarse y parte de ese respeto incluye la limpieza e higiene personal. Después de conversar sobre sus ideas y sabiendo que me iba a comunicar con ustedes, me dijo: “Dile a tus amigos que en la vida uno no puede obligar a otro a que te ame, pero si puedes dejarte amar, que lo más valioso en la vida no es lo que tenemos sino a quien tenemos, que una persona rica no es quien tiene más, sino quien necesita menos y que el dinero puede comprar todo menos la felicidad, que el físico atrae pero la personalidad enamora, que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido y quien hace el mal, algún día recibirá su merecido”.
Si quieres ser feliz, haz feliz a alguien, si quieres recibir, da un poco de ti, rodéate de buenas personas y sé tú una de ellas.
Siempre pensé que los seres humanos como él, que encontramos en el camino de nuestras vidas, son estrellas luminosas que Dios nos pone para ser luz en la oscuridad de nuestro camino.
No espero que estas líneas trasciendan en el tiempo porque de ninguna manera esa es mi intención. Sin embargo, al escuchar al “Filósofo de la Encalada” y ver el brillo de sus ojos que hace juego con el brillo de su alma, son como luces que iluminan nuestras mentes al menos en ese momento, para hacernos caer en la cuenta de lo simple que es lo transcendente y que lo humilde nos convierte en grandiosos.
Recuerda -me dijo “El Filósofo de la Encalada”- a veces de quien menos esperas es quien te proporcionará buenas experiencias. Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro. Lo que cuenta no es lo que se da sino el amor con que se da.
Después de conversar con él, me vine directamente a la oficina de la Parroquia “Nuestra Señora del Consuelo” y por el enorme ventanal me quedé observando el bello jardín que hay en el interior de la Parroquia. Mis ojos veían el jardín, pero en mi mente estaban las sabias palabras de nuestro amigo común, “El Filósofo de la Encalada”
Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!
Escúchalo en "Baladas y Reflexiones"
con el Padre Pablo
Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.
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