Muy pocas veces nos generamos un
espacio para conocernos mejor a nosotras
mismas, para analizar nuestras estructuras
de pensamiento y actitudes. Por qué pensamos
como pensamos? Cómo incide
en nuestra conducta? Nos hace felices?....
mas aún, estamos verdaderamente
de acuerdo?. Generalmente, el estresante
ritmo de vida nos lleva por un camino
que parece suprimir la libertad de
elección... y nos acostumbramos....
no sólo al ritmo, sino al
automatismo, y sin darnos cuenta,
poco a poco nos suprimimos, nos desgastamos
y un supuesto destino nos arrasa.
Pero también podemos elegir
otro enfoque para vivir, más
sustancial, más rico, más
poderoso, donde nuestra vida adquiere
un sentido. Cuando una conoce el "para
qué", reconecta con los
aspectos dormidos del propio ser
y encara lo cotidiano con una energía
renovada y potente, libre de stress.
En el estado de disconformidad constante
con lo que nos toque vivir subyace
la clave para cambiar. Solo es necesario
saber "leer" las situaciones
y comprender cómo funcionan
las cosas. También asumir
la responsabilidad por nuestra propia
vida y por todo aquello que nos creamos
y magnetizamos. Nada es casual en
el universo. Todo tiene un sentido,
una razón de existir que sirve
a nuestra evolución como personas
mas integradas, más adultas
y más felices. Claro! Ya no
habrá a quién echarle
la culpa... entonces es más
difícil. Pero sólo
la dificultad y el desafío
que supone es lo único que
logra nuestro desarrollo. Si no,
es como vivir eternamente en 1er
grado.
El enfoque terapéutico que
propone el Arte y Ciencia de la Evolución
es trabajar activamente en un proceso
de auto conocimiento, para detectar
el esquema de pensamiento básico
que nos rige y determinar pautas
a modificar y pautas a desarrollar,
en el marco de un sentido para nuestra
vida. Y este proceso es imprescindible
porque no se puede cambiar aquello
que no se conoce. Un proceso que
tiene dos puertas de entrada, la
interior, cómo pensamos, y
la exterior, cómo comunicamos.
Siempre los cambios internos provocan
cambios externos y los cambios externos
aceleran los cambios internos. Por
ejemplo, una mujer que comprende
que su mayor prioridad es edificar
una presencia afectiva con su bebé puede
inducirla no sólo a comenzar
a poner límites a ciertas
sobre exigencias laborales, sino
también a adoptar un look
más cómodo y natural,
que le permita disfrutar de espacios
lúdicos junto a él.
Por el contrario, explorar nuestra
imagen bajo un nuevo estilo de maquillaje,
puede despertar en nosotras una nueva
actitud, quizá más
sensual y atractiva, que despierta
reacciones diferentes en el entorno.