1º. La idea debe ser “oportuna”,
es decir que surja en el momento
adecuado y se mantenga en un cierto
periodo de tiempo, lo que significa
que tienen que existir clientes que
demanden el producto o servicio que
hemos detectado y que esta necesidad
se mantenga a medio plazo, pues si
se satisface a corto plazo no es
viable para ser transformada en empresa.
2º. La idea de nuestro producto o servicio debe proporcionar un “valor
añadido” al potencial cliente, puesto que si no será muy
difícil desplazar a la competencia existente en el mercado. Lo ideal seria
ofrecer algo novedoso, en el sentido de mejorar lo existente, o bien de satisfacer
a los clientes con un servicio distinto que les de mayor satisfacción
a sus necesidades, o dicho de otro modo, mayor valor añadido.
3º. El segmento de mercado al que nos dirigimos ha de tener un “tamaño
mínimo”, por muy especializado que sea nuestro sector o actividad,
siempre debe haber un número mínimo de clientes dispuestos a demandar
nuestros productos.
4º. Es importante la “creatividad”, debemos utilizarla de forma
que podamos discernir y separar solo las mejores ideas.
5º. Crear un equipo o una red de relaciones, “network”, el contar
con colaboradores o el trato con los distintos componentes de un equipo permitirá eliminar
la subjetividad personal y ser más objetivo en el análisis y la
puesta en marcha de las ideas y oportunidades de negocio detectadas.
6º. Motivación, es necesario contar con un talante emprendedor, tener
voluntad real de sacar la idea adelante, creer en uno mismo, lo que ayudara a
solventar los distintos problemas que se presenten durante el viaje empresarial.