Siéntate o estírate en
silencio en una postura cómoda.
Cierra los ojos.
Relaja a fondo todos los músculos
del cuerpo dejándolos "sueltos",
apoyados en la superficie donde nos encontremos,
como si tuviéramos la sensación
de que esa parte nos pesara más
de la cuenta.
Empieza por los pies, piensa que te están
pesando, que se apoyan libremente sobre
el sofá o la cama. Avanza lenta
y progresivamente esta sensación
de pesadez con el resto del cuerpo: las
piernas, las manos, los brazos, el abdomen
(siete que toda la espalda se apoya relajadamente
sobre la superficie donde nos encontremos)
y así hasta los músculos
de la cara. Mantenlos relajados.
Respira por la nariz. Toma conciencia
de la respiración. Al aspirar,
repítete a ti mismo la palabra "uno",
luego "dos", y así progresivamente.
Respira con naturalidad, no profundamente.
Continúa durante diez a veinte
minutos. Puedes abrir los ojos, para
comprobar el tiempo, pero no utilices
un despertador ni un sistema de alarma.
Al terminar, permanece sentado durante
algunos minutos más, primero con
los ojos cerrados y después abiertos.
No te levantes hasta que hayan pasado
algunos minutos.
No te preocupes por conseguir un nivel
de relajación profunda. Mantén
una actitud pasiva y deja que la relajación
se presente según su propio ritmo.
Si aparecen pensamientos perturbadores,
debes intentar ignorarlos no ocupándote
de ellos y volviendo a repetir "uno".
Con la práctica, la respuesta
sobrevendrá sin apenas esfuerzo.
Debe practicar esta técnica una
o dos veces al día, pero no durante
las dos horas siguientes a una comida,
porque los procesos digestivos interfieren
en el surgimiento de la respuesta relajante.