Siéntate o échate en un
lugar tranquilo y deja que tu mente “piense” en
cualquier cosa. Observa donde y como experimenta tu pensamiento.
Observa las tensiones y movimientos existentes en tu cara, cuello y garganta.
Ahora “piensa” en algo desagradable y observa si percibes alguna
diferencia, luego intenta “pensar” en algo agradable y haz las mismas
observaciones.
Una vez que has experimentado a profundidad con este primera parte, ahora échate
y no te muevas, simplemente respira con los ojos cerrados. Intenta percibir y
describir durante 15 minutos toda sensación y toda contracción
muscular en tu cuerpo. Observa que existe tensión en ti. y en todo tu
cuerpo.
Estos pasos deberían practicarse 3 veces durante una semana para
ayudarte a comprobar que la tensión es pensamiento y el pensamiento es
tensión. Esto te llevará 30 minutos. Si no experimentas demasiado
durante estos ejercicios, dobla el tiempo de ejecución.