Empiece sentándose en el borde
de una silla sin apoyarse en el respaldar
con los pies planos en el piso, sin zapatos
y con una separación de unos 20
centímetros entre ellos y la mirada
en el horizonte.
Empiece a doblar el cuello lentamente, como si moviera la barbilla hacia el pecho.
Deje que el peso de su cabeza vaya doblando el cuello poco a poco hasta donde
pueda llegar. Sienta el estiramiento en el cuello y al llegar al límite
de lo que su cuello se pueda doblar, prosiga doblando el resto de su columna.
Piense que su cabeza es como una pesada fruta y su columna como una rama que
se dobla por el peso de la fruta que cuelga al extremo.
Vaya bajando su cabeza hacia el suelo como si fuera a colocar los hombros sobre
sus rodillas. Deje que los brazos cuelguen a su lado y no fuerce nada. No intente
tocar el suelo con las manos ni trate de bajar más de lo que su columna
quiere flexionarse.
Si realiza esto correctamente sentirá que las vértebras se mueven
una a la vez hasta que llegue al limite. Si realiza esto con un compañero,
el/ella puede colocar sus manos sobre la columna para darle retroalimentación.
Así podrá sentir más si cumple con el ideal de mover una
vértebra a la vez. No se preocupe si no puede lograr esto desde el principio.
Lo más probable es que mueva todo un grupo de vértebras a la vez
como si fueran una sola. Al repetir el movimiento ira mejorando.
Cuando llegue al límite de flexibilidad de su columna quedese allí por
un corto momento y luego empiece a recoger las vértebras en reversa. De
abajo hacia arriba, una a la vez, hasta que vuelva a colocar los hombros sobre
sus caderas. Hágalo lentamente y deje que su cuello cuelgue hasta que
haya colocado los hombros sobre las caderas. Entonces enderece el cuello, una
vértebra a la vez, hasta que su mirada regrese a la línea del horizonte.