Lo que siempre debes tener presente
a la hora de maquillarte
Menos es siempre más. Menos
maquillaje es más atractivo.
Cuando apliques cualquier maquillaje,
siempre comienza con la menor cantidad
posible y agrega más cantidad
sólo si es necesario.
No hay reglas. Olvídate de
los preconceptos sobre el maquillaje.
No existe una fórmula mágica,
no hay una receta a seguir. Así como
cada rostro es particular, también
lo es cada propuesta de maquillaje.
No debes apegarte a una rutina. No
tienes la obligación de usar
base de maquillaje (o lápiz
de labios, máscara para pestañas
y cualquier otro maquillaje. Lo que
es más, puedes no usar maquillaje.
El maquillaje no es una cirugía.
No te empeñes en cambiar la
forma de tu rostro con el maquillaje.
Casi siempre resulta muy obvio. Ni
siquiera los maquilladores profesionales
se toman el trabajo de hacerlo.
Esfuma, esfuma, esfuma. Considera
este principio como el mantra del
maquillaje. El esfumar es el secreto
de una aplicación exitosa,
sea base de maquillaje, corrector
o sombra de ojos. Trata de buscar
y de eliminar todo indicio de bordes.
El maquillaje se lava con agua y
jabón. Contrariamente a la
tintura, no es permanente. No temas
probar algo nuevo, puede gustarte.
Nunca pruebes algo nuevo si tienes
sólo cinco minutos. Date tiempo
para intensificar el maquillaje o
retirarlo por completo.
Nadie conoce tu rostro mejor que
tú. Cualquier maquillador
profesional te lo dirá. Tú sabes
qué te queda bien y qué no,
y lo que es aún más
importante, tu sabes con qué te
sientes más cómoda.
No uses ningún maquillaje
que te haga sentir incómoda.
Recuerda, el punto es sentir que,
aunque maquillada, sigues siendo
tú misma.
Resguárdate de la crueldad
del tiempo. El paso del tiempo requiere
cambios. En lo a que a moda concierne,
los cambios podrían ser reconsiderar
una sombra azul o un esmalte negro.
O tal vez algo tan sencillo como
cambiar de una base de maquillaje
libre de aceites a una cremosa porque
tu piel está más seca.
Siempre evalúa qué estás
usando y cómo lo estás
usando.